Del campo al plato: residuos agrícolas de Chihuahua con potencial para producir hongos comestibles
Jared Hernández Huerta. Aldo Gutiérrez Chávez.
Del campo al plato: residuos agrícolas de Chihuahua con potencial para producir hongos comestibles
Resumen.
Este artículo analiza el potencial de los residuos agrícolas de Chihuahua como sustratos para la producción de hongos seta desde un enfoque de economía circular. A partir de una revisión documental y de una encuesta exploratoria a productores, se identifican pajas de cereales, rastrojo de maíz, podas de manzano y nogal, tallos de algodón y residuos hortícolas como fuentes de biomasa con distinta viabilidad técnica. El análisis destaca que el volumen de producción agrícola estatal y el potencial bruto estimado mediante la relación residuo:producto (RPR) no equivalen directamente al residuo disponible como sustrato, ya que parte de la biomasa se utiliza como forraje, cobertura del suelo, composta o material para reciclar nutrientes. Por ello, el aprovechamiento sostenible requiere evaluar la
estacionalidad, los costos de acopio, la inocuidad, el tamaño de partícula, el balance carbono:nitrógeno y la conservación del suelo. La producción de hongos seta permite utilizar sustratos agrícolas de bajo valor para generar alimento y, una vez finalizado su cultivo, reincorporar el sustrato agotado al sistema agrícola como fuente de materia orgánica.
Palabras clave: economía circular; residuos agrícolas; hongos comestibles; Pleurotus
Abstract.
This article analyzes the potential of agricultural residues from Chihuahua as substrates for oyster mushroom production from a circular economy perspective. Based on a documentary
review and an exploratory survey of producers, cereal straw, corn stover, apple and walnut pruning residues, cotton stalks, and horticultural residues were identified as biomass sources with different levels of technical feasibility. The analysis highlights that the state’s agricultural production volume and the gross potential estimated through the residue-to-product ratio (RPR) do not directly correspond to the amount of residue available as substrate, since part of this biomass is used as forage, soil cover, compost, or material for nutrient cling. Therefore, sustainable use requires evaluating seasonality, collection costs, safety, particle size, carbon balance, and soil conservation. Oyster mushroom production allows low-value agricultural substrates to be used for food production and,
once cultivation is completed, the spent substrate can be reincorporated into the agricultural system as a source of organic matter.
Keywords: circular economy; agricultural waste; edible mushrooms; Pleurotus.
Introducción
La agricultura enfrenta el reto de producir un mayor volumen de alimentos en un área más reducida y, al mismo tiempo, de reincorporar sus residuos a nuevas cadenas de valor. En regiones agrícolas, la biomasa generada por la cosecha, la poda o el procesamiento primario suele percibirse como un problema logístico; sin embargo, desde la economía circular puede transformarse en insumos para producir alimentos, biofertilizantes o productos de valor agregado (Duque-Acevedo et al., 2020; Mujtaba et al., 2023).
Entre los organismos con mayor capacidad para valorizar residuos agrícolas se encuentran los hongos del género Pleurotus, conocidos como hongos seta u hongos ostra. Son apreciados por su valor alimentario y su capacidad de crecer en sustratos agrícolas, forestales y agroindustriales (El-Ramady et al., 2022; Figura 1). Además, su cultivo permite convertir materiales de baja calidad en alimentos, al tiempo que contribuye al manejo sostenible de residuos (Doroški et al., 2022; Sözbir et al., 2015).
En Chihuahua, esta alternativa resulta relevante debido a la diversidad agrícola del estado. Cultivos como alfalfa, algodón, avena, cebolla, chile, manzana, nuez, pistache y trigo generan distintos tipos de biomasa residual: pajas, rastrojos, tallos, restos hortícolas, podas y subproductos de procesamiento (Gobierno del Estado de Chihuahua, 2019). La pregunta central es: ¿qué tan viable resulta aprovechar estos residuos para producir hongos seta?.
La respuesta requiere integrar tres dimensiones:
disponibilidad regional, compatibilidad técnica con Pleurotus spp. y sostenibilidad ambiental del retiro de biomasa del campo. El enfoque de este artículo es divulgativo, por ello, no plantea que todos los residuos agrícolas deban retirarse del campo, sino que algunos materiales podrían evaluarse en proyectos piloto. Su disponibilidad debe entenderse como una oportunidad condicionada por el manejo agronómico, la conservación del suelo y el aprovechamiento de excedentes locales para la producción de alimento.
Chihuahua: un territorio agrícola con potencial para convertir residuos en alimentos.
Chihuahua es uno de los estados agrícolas más relevantes del norte de México. El Anuario Estadístico de la Producción Agrícola del SIAP permite consultar datos por entidad, municipio, cultivo, ciclo y modalidad de producción (Servicio de Información Agroalimentaria y Pesquera (SIAP), 2024). De acuerdo con datos de Referente.mx (2025), durante 2024 Chihuahua produjo alrededor de 8.2 millones de toneladas de productos agrícolas y se ubicó entre los diez principales estados por volumen.
Estos datos muestran una base agrícola amplia, pero también obligan a precisar que la producción agrícola no equivale automáticamente a un residuo disponible. En alfalfa, maíz forrajero o avena forrajera, gran parte de la biomasa cosechada constituye el producto principal y se destina a la alimentación animal.
En cambio, en cultivos como manzana, nuez, algodón, maíz de grano y algunas hortalizas quedan tallos, rastrojos, podas, hojas, cáscaras o frutos descartados con potencial para composta, bioinsumos o sustratos (Cuadro 1).
Por ello, el potencial de Chihuahua no debe estimarse únicamente en función de las toneladas producidas. Es necesario distinguir entre biomasa producida, biomasa residual, residuo técnicamente recuperable y fracción que puede retirarse sin afectar las funciones del suelo. Parte de los residuos debe permanecer en el campo para proteger contra la erosión, conservar la materia orgánica y reciclar nutrientes (Mirzaei et al., 2021; Cherubin et al., 2018). Esta distinción es importante para evitar sobreestimar la disponibilidad. Un cultivo de alto volumen puede generar poco residuo utilizable si la biomasa ya tiene destino pecuario, si se reincorpora al suelo o si su recolección resulta costosa. En cambio, un residuo menos abundante puede resultar atractivo si se concentra en una zona productora, se recolecta con facilidad y se mantienen condiciones sanitarias adecuadas.
Residuos agrícolas con interés para el cultivo de hongos seta en Chihuahua.
El cultivo de hongos seta se basa en sustratos como paja de trigo, sin embargo, puede
sustituirse o complementarse con residuos de podas de frutales, residuos hortícolas, subproductos de frutas y materiales agroindustriales (Doroški et al., 2022; El-Ramady et al., 2022).
En Chihuahua, la biomasa puede organizarse en cinco grupos: rastrojos y pajas de cereales, podas de frutales, residuos de cultivos industriales, residuos hortícolas
y materiales estructurales. Para una estimación preliminar se emplea la relación producto-residuo, o ratio residuo-to-product (RPR), que expresa la cantidad de residuo por unidad de producto. Esta relación permite estimar el potencial bruto, pero no sustituye las mediciones locales de humedad, sanidad, accesibilidad o disponibilidad real (Dey & Thomson, 2023; FAO, 1994).
Los rastrojos y pajas de cereales, como maíz, avena, sorgo y trigo, son relevantes por su carácter fibroso. La FAO (1994) y Dey y Thomson (2023) reportan relaciones cultivo:residuo de cereales que van de 1:1 a 2.3, lo que evidencia que los valores varían según el sistema, el residuo y el método de estimación.Las podas de frutales como manzano, nogal pecanero, vid y durazno son una fuente importante de biomasa en Chihuahua, debido al peso de la fruticultura en el estado. Chihuahua lidera la producción nacional de manzana, con más de 32 mil hectáreas cosechadas y 664 mil toneladas en 2024, y también destaca en nuez pecana, con más de 78 mil hectáreas cosechadas y cerca del 62 % de la producción nacional (Gobierno del Estado de Chihuahua, 2025a, 2025b).
El algodón representa otro grupo de interés. La FAO (1994) reporta una relación cultivo: tallo de 1:4.25, lo que sugiere una alta generación de biomasa; además, se ha evaluado su uso para producir Pleurotus ostreatus (Li et al., 2022).
Los residuos hortícolas, como ajo, cebolla, chile, entre otros, pueden aportar nutrientes fácilmente disponibles, aunque su composición es variable. Algunos presentan alta humedad, compactación o desequilibrios de carbono-nitrógeno, por lo que conviene usarlos en mezclas con pajas, rastrojos o podas trituradas.
En términos prácticos, la selección del residuo debe considerar tres criterios: la estructura física, el aporte nutricional y el riesgo de contaminación. Los materiales fibrosos mejoran la
aireación y el soporte; los residuos más frescos pueden aportar nutrientes, pero también pueden elevar la humedad o favorecer la proliferación de microorganismos competidores. Por ello, la caracterización local del sustrato es indispensable antes de recomendar una mezcla específica.
Evidencia local: consulta exploratoria a productores.
Además de la revisión documental, se realizó una encuesta exploratoria mediante Google Forms dirigida a productores de Delicias, Cuauhtémoc y Casas Grandes, incluida en el informe de primera etapa del proyecto Revalorización de residuos agrícolas mediante el cultivo de hongos comestibles: una alternativa sostenible para la economía circular (Hernández-Huerta, 2025). Esta encuesta tuvo como finalidad identificar la estacionalidad, el volumen de generación y la accesibilidad de los residuos agrícolas con potencial como sustrato para el cultivo de Pleurotus spp. (Cuadro 3).
El informe registra un cronograma de disponibilidad de residuos de nogal, vid, rúcula,
alfalfa, avena y ajo. Los resultados muestran una lógica territorial clara: la alfalfa tiene
mayor estabilidad anual; nogal y vid presentan alta disponibilidad en periodos posteriores a la cosecha o poda; y ajo y avena tienen ventanas de recolección más cortas, por lo que requieren planeación anticipada (Hernández-Huerta, 2025).
En términos logísticos, se estimaron costos aproximados de recolección, transporte,
triturado y almacenamiento de $850 a $1,330 MXN por tonelada de residuo recolectado. Esta cifra es relevante porque el potencial de un residuo depende de su accesibilidad,
traslado, facilidad de triturado, almacenamiento y estabilidad sanitaria, no solo de su composición química (Hernández-Huerta, 2025).
La consulta debe interpretarse como evidencia exploratoria, no como un censo definitivo de biomasa. Su valor principal es orientar las decisiones iniciales: qué residuos conviene probar primero, en qué meses conviene organizar el acopio y qué materiales podrían representar mayores costos de preparación.
Circular de economía: del residuo agrícola al alimento.
La producción de hongos seta a partir de residuos agrícolas es un ejemplo práctico de economía circular, porque transforma pajas, tallos, hojas, podas y descartes de cosecha en sustratos útiles para producir alimentos. En este proceso, los residuos dejan de considerarse desechos y se convierten en materias primas con valor biotecnológico, especialmente porque Pleurotus spp. puede crecer sobre materiales lignocelulósicos y degradar celulosa, hemicelulosa y lignina mediante su actividad enzimática (Doroški et al., 2022; El-Ramady et al., 2022; Sadh et al., 2018).
El ciclo inicia con la generación de biomasa agrícola, continúa con el secado, el triturado, la hidratación y la pasteurización o esterilización, y luego con la inoculación del sustrato con micelio de Pleurotus spp. El resultado es la producción de hongos comestibles que pueden destinarse al autoconsumo, a la venta local o a pequeños emprendimientos (Figura 2). En Chihuahua, este modelo podría aprovechar residuos de nogal, manzano, avena, maíz, algodón o ajo, siempre que se evalúen la disponibilidad, la sanidad y la facilidad de manejo.
Finalmente, el ciclo no termina con la cosecha: el sustrato agotado puede utilizarse como
composta, lombricomposta, mejorador orgánico o como material para la reincorporación controlada al suelo. De esta forma, el sistema reduce residuos, promueve el reciclaje biológico de nutrientes y fortalece las cadenas productivas locales, pasando de un modelo lineal de “producir, usar y desechar” a uno en el que la biomasa se transforma en alimento y en nuevos insumos para el campo (Martín et al., 2023).
Este cierre del ciclo es relevante para pequeños productores, escuelas agrícolas y emprendimientos rurales, porque permite imaginar sistemas de baja escala con materiales cercanos. Si el sustrato se elabora con residuos locales y se maneja de manera inocua, la producción de hongos puede generar alimento, aprendizaje técnico y una alternativa de ingreso sin depender exclusivamente de insumos externos.
Retos técnicos y ambientales.
Aunque el potencial es alto, la implementación debe ser cuidadosa. El primer reto es la estacionalidad: las podas de nogal, vid y manzano se concentran en periodos específicos, por lo que se requiere acopio, secado y almacenamiento en condiciones protegidas. En contraste, los residuos de cortes frecuentes o de ciclos cortos pueden estar disponibles durante más tiempo, pero no siempre en cantidad suficiente ni como residuos reales (Hernández-Huerta, 2025).
El segundo reto es la competencia con los usos existentes. Muchos residuos cumplen funciones como la alimentación animal, la cobertura, el compostaje, la reincorporación de nutrientes o el control de la erosión. La remoción indiscriminada puede afectar las propiedades físicas, químicas y biológicas del suelo, reducir la infiltración y disminuir la materia orgánica (Mirzaei et al., 2021; Cherubin et al., 2018). La estrategia debe centrarse en los excedentes o en las fracciones recuperables.
El tercer reto es la formulación. No todos los residuos funcionan como sustrato único: algunos son muy fibrosos y pobres en nitrógeno, mientras que otros son ricos en nutrientes
pero se compactan o elevan la humedad. La opción más viable consiste en formular mezclas regionales. El rendimiento y la calidad de Pleurotus ostreatus varían según el sustrato, la composición y la combinación de materiales (Elkanah et al., 2022; Fufa et al., 2021).
El cuarto reto es la escala. A pequeña escala, el modelo puede operar con residuos locales y bajos costos de entrada; a escala comercial, se requiere estandarizar los sustratos, calcular la eficiencia biológica, determinar los costos por kilogramo de hongo, controlar la humedad y la temperatura, y establecer canales de comercialización. La selección del sustrato, el acondicionamiento y la suplementación son decisivos para transformar la biomasa de bajo valor en una producción alimentaria viable (Doroški et al., 2022; Fufa et al., 2021; Sadh et al., 2018).
Un programa regional debería iniciar con pruebas comparativas de mezclas, no con sustituciones totales de sustrato. La eficiencia biológica, el tiempo de colonización, la aparición de contaminantes y la calidad del cuerpo fructífero permitirían seleccionar residuos prometedores. Posteriormente, esos resultados podrían integrarse con análisis de costos y disponibilidad para definir modelos de producción por localidad.
Conclusiones
Chihuahua tiene alto potencial para producir hongos seta con residuos agrícolas como rastrojos de maíz, pajas de avena, podas de frutales, tallos de algodón y residuos hortícolas.
A partir de estos materiales como sustrato, Pleurotus spp. puede producir cuerpos fructíferos comestibles con valor nutricional. Sin embargo, deben evaluarse la disponibilidad,
la estacionalidad, los costos de recolección, la competencia con otros usos, la inocuidad, la eficiencia biológica, la calidad nutricional y la rentabilidad por kilogramo de hongo
fresco producido.
Agradecimientos. Al programa Más Ciencia, Más UACH de la Universidad Autónoma de Chihuahua por el apoyo al proyecto “Revalorización de residuos agrícolas mediante el
cultivo de hongos comestibles”, Proyecto No. +UACH2025/SA/022.
Referencias
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