El papel de la filosofía en la tarea de la formación ciudadana
Alan Roberto Rentería Rentería, Mónica Guevara Torres, Ivonne Esparza Morales, Juan Pablo Martínez Ponce
El papel de la filosofía en la tarea de la formación ciudadana
Resumen
La filosofía es una disciplina práctica, capaz de ser aplicada a diversos ámbitos de la vida de las personas y de la sociedad. Con base en ello, el presente artículo examina la relación entre la filosofía y la formación ciudadana, destacando que el pensamiento filosófico es una herramienta útil para la formación de personas y para el bienestar de la comunidad.
Proponemos que la relación especifica entre filosofía y formación ciudadana se da a partir de tres elementos básicos, a saber, la transformación social, la educación y la consecución del bien común. Para sustentar lo anterior, se analizan los elementos teóricos, la definición actual y el objetivo de la formación ciudadana, así como diversas posturas de la filosofía en relación a dicho objetivo. Finalmente, se subraya la importancia de integrar la filosofía en la tarea de la formación ciudadana, para el fomento de una ciudadanía responsable, pacífica y comprometida con su entorno.
Abstract
Philosophy is a practical discipline capable of being applied to various areas of people’s and society’s lives. Based on this, the present article examines the relationship between philosophy and civic education, highlighting that philosophical thought is a useful tool for the development of individuals and for the well-being of the community. We propose that the specific relationship between philosophy and civic education arises from three básica elements: social transformation, education, and the attainment of the common good. To support this, we analyze the theoretical elements, the current definition, and the objective of civic education, as well as various philosophical stances in relation to that objective. Finally, we underscore the importance of integrating philosophy into the task of civic education to foster a responsible, peaceful, and committed citizenship toward its surroundings.
Palabras clave:
Formación ciudadana, filosofía, bien común, educación, sociedad.
Introducción
De acuerdo con el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, el concepto de la palabra ciudadano tiene diversas acepciones, dos de ellas de especial interés para esta investigación: “3. m. y f. Persona considerada como miembro activo de un Estado, titular de los derechos políticos y sometido a sus leyes […] 4. m. hombre bueno.” (Real Academia Española, s.f). A partir de estas definiciones podemos considerar que el término
de formación ciudadana incluye la preparación de las personas para la participación activa en una comunidad con un sentido ético. Sin embargo, debemos analizar el concepto más a fondo. La práctica de la formación ciudadana no es nueva.
En la antigüedad clásica los filósofos griegos, como Platón y Aristóteles, propusieron la importancia de la educación de los individuos para su participación en la polis, término para designar a la ciudad. En su célebre diálogo de La República (Platón, 1982) Platón sugiere una relación única e inseparable entre la educación, las virtudes y la sociedad. Por su parte, Aristóteles afirmó que una persona solo puede ser considerada ciudadana si ejerce una participación activa en los intereses de la ciudad y la política (Aristóteles, 1988). En un sentido clásico, la formación ciudadana implica un proceso en el cual se prepara al individuo para ejercer su papel de ciudadano de la mejor forma posible. En la actualidad, la formación ciudadana puede definirse por su propio objetivo: formar mejores ciudadanos (González, 2010,
p. 35). Esta idea implica una formación compleja, que aborda no solo la educación y la política, sino también diversas disciplinas como las humanidades y especialmente la filosofía. En el presente artículo se señalarán algunas pautas importantes respecto a la relación entre la filosofía y la formación ciudadana, afirmando que existe una correlación importante entre ambas.
La filosofía y su papel transformador de la sociedad.
Desde sus inicios, la filosofía pretendió una transformación, pacífica pero desafiante, del pensamiento religioso, social y político preestablecido. Gracias a su papel crítico, el pensamiento filosófico ha sido capaz de retar los dogmas y las estructuras, especialmente cuando estos demeritan el quehacer humano y su libertad. Alberto Berón Ospina, dentro de su texto titulado La filosofía: Entre la torre de marfil y la modernidad (2022) sugiere que la filosofía realiza una transformación que implica salir de la torre de marfil. La torre de marfil es un concepto que refiere al pensamiento teórico aislado de la transformación directa de la sociedad y el entorno. La filosofía, por tanto, es una actividad que implica una transformación social más allá de las puertas del academicismo.
La relación entre filosofía y sociedad siempre ha sido patente.
Desde Sócrates, siendo falsamente acusado por corromper a la juventud con sus ideas, hasta Simone Weil y Hannah Arendt, quienes enfrentaron severas calumnias y ostracismo gracias a su pensamiento disruptivo, las y los filósofos a lo largo de la historia han logrado que la filosofía permee en todas las esferas sociales. A pesar de las detracciones que la tarea filosófica ha sufrido en distintos momentos, uno de los grandes cometidos de la filosofía sigue vigente: servir de instrumento crítico y problematizador de la realidad. En este sentido, la filosofía es una herramienta para la formación de personas capaces de relacionarse con su entorno de una forma más ética y libre de ataduras de cualquier tipo.
En el libro titulado Sin fines de lucro. Por qué la democracia necesita de las humanidades, Martha Nussbaum dedica un importante apartado para hablar acerca de la pedagogía socrática; en él se expone a la filosofía como un medio poderoso para la autoexploración, el diálogo y la reflexión sobre las cuestiones humanas más importantes (Nussbaum, 2010). A pesar del enaltecimiento de la labor filosófica, Nussbaum hace un señalamiento realista: la situación global de la sociedad hoy en día no es un escenario propicio ni para la reflexión ni para la autoexploración.
Es cierto que, en el panorama del mundo actual, queda poco lugar para el pensamiento reflexivo y la introspección, pues la preocupación principal de la política y sus actores suele centrarse en temas como la economía y la guerra. Sin embargo, es gracias a este escenario adverso para el pensamiento crítico, que se vuelve indispensable recalcar que la filosofía es una aliada natural para la promoción de la paz, la formación ciudadana y la justicia social. Todo ello a través de su capacidad para despertar el pensamiento emancipatorio de las personas, y de problematizar realidades para encontrar diversas soluciones que favorezcan a la sociedad en general.
La ineludible tarea de la educación en la formación ciudadana. Pronto se cumplirán 20 años de la importante publicación del libro de la UNESCO Philosophy, a school of freedom [La filosofía, una escuela de la libertad]. A pesar de todo este tiempo, la tesis central del libro continúa vigente: la filosofía ofrece un espacio único para el desarrollo del pensamiento autónomo, la comprensión mutua, y elementos esenciales para la convivencia pacífica de la sociedad (UNESCO, 2007). En este sentido, existe un entrelazamiento directo entre la filosofía, la sociedad y la educación, pues esta última comparte metas similares con la tarea filosófica.
Al igual que la filosofía estuvo ligada al pensamiento social desde sus inicios, también lo estuvo a la educación. Paulo Freire, quien fuera uno de los filósofos de la educación más importantes del siglo XX, critica la educación bancaria (Freire, 2004), en la cual los estudiantes son vistos como receptáculos pasivos del conocimiento. Por el contrario, propone que la educación debe ser liberadora, con sujetos activos del conocimiento mediante el diálogo y la conciencia crítica. En este sentido, la filosofía se une indiscutiblemente con una educación liberadora, pues rompe con paradigmas tradicionales, al mismo tiempo que propone una construcción del conocimiento en donde la persona, y no los sistemas, sea el centro de dicha construcción. A partir de esta tesis, la educación adquiere un papel crucial dentro del contexto de la formación ciudadana: si se quiere formar auténticamente al ciudadano para el bien común, esta formación deberá estar presente dentro de la educación formal que reciben los ciudadanos en una sociedad.
En el ámbito de la educación escolarizada, la filosofía puede desempeñar un rol central en la formación de ciudadanos responsables y comprometidos con su entorno. Las herramientas filosóficas en el aula, de cualquier nivel, ofrecen oportunidades valiosas para desarrollar habilidades de autoconocimiento y razonamiento crítico, así como una agudeza del sentido ético y de las capacidades empáticas y dialógicas para la resolución
de conflictos (Lipman, 2003). En última instancia, la educación debería estar orientada al desarrollo integral de la persona, y no solo a la adquisición de conocimientos intelectuales;
la incorporación de la filosofía en la educación formal abona plenamente a este cometido. En otras palabras, la tarea de la formación ciudadana no puede estar ausente en la educación, y esta, a su vez, no debería dejar fuera a la filosofía.
Es importante señalar que la integración de la filosofía en la educación no ha estado exenta de desafíos. Como lo señala Walter Omar Kohan en su libro Infancia. Entre educación y
filosofía, a menudo se percibe a la filosofía como una disciplina abstracta y desconectada de la realidad cotidiana (Kohan, 2004). Además de ello, en muchos lugares puede existir una tendencia de que los currículos educativos cada vez están más centrados en habilidades técnicas y medibles, lo cual puede relegar la reflexión filosófica a un segundo plano (Nussbaum, 2010). Sumado a ello, nos encontramos con una lucha histórica en la cual, en más de una ocasión, se ha intentado relegar a la filosofía de la educación institucional, en aras de una formación reduccionista, técnica y academicista. Esto se convierte en una problemática latente, pues cuando la educación no toma en consideración a la complejidad de la persona y su desarrollo, puede caer en un reduccionismo epistémico que trae consecuencias de todo tipo.
Por el contrario, una educación completa, que sea formadora de ciudadanos, implica necesariamente la educación para la paz. Diversas disciplinas filosóficas, como la ética y la axiología, son totalmente pertinentes en la consecución de esta meta educadora. La formación humana que ofrecen este tipo de disciplinas filosóficas puede ayudar directamente al mejoramiento de condiciones y situaciones de violencia escolar, el cual es
un gran problema dentro del ámbito educativo, y con ello, posteriormente de la violencia en la sociedad.
La educación para la paz no es negociable en lo absoluto y, por
ende, es imposible para la formación ciudadana desentenderse de ella. De acuerdo con los datos del National Center for Education Statistics (2024), en Estados Unidos uno de cada cinco estudiantes ha reportado haber sufrido de acoso escolar por parte de sus compañeros, mientras que cuatro de cada diez estudiantes afirma que teme que sufrirá acoso escolar durante su trayectoria educativa. Estas cifras son alarmantes, sobre todo
si consideramos que las consecuencias del acoso escolar suelen ser graves en el desarrollo personal de las y los estudiantes. Sin embargo, desafortunadamente las escuelas de Estados Unidos no son las únicas con altos índices de violencia escolar. Según los últimos datos existentes en la página oficial del Gobierno de México (Secretaría de Educación Pública, 2014), un 32% de los menores de 15 años afirmaron ser víctimas de
maltrato en la escuela, más del 15% aseguró ser insultado y 13% dijo ser golpeado por sus compañeros. Con estos datos, el Instituto Nacional de Pediatría inició desde el 2008 un serio estudio sobre el tema, y ha concluido que el acoso entre alumnos está aumentando.
Si bien el tema de la violencia y el acoso escolar puede ser multifactorial, una educación basada en principios éticos filosóficos puede ayudar a resolver tales problemas. Pablo Barrientos señala que: “la filosofía en la educación tiene la virtud de promover el diálogo […] las clases de filosofía sirven para dialogar”. (Barrientos, 2016). El diálogo filosófico es indiscutiblemente una de las formas de combatir la violencia, especialmente dentro del contexto escolar. Si las y los jóvenes son formados en la escuela bajo esta perspectiva, dicha formación es inminentemente ciudadana, pues los prepara para la vida cívica en comunidad.
La formación ciudadana y el bien común.
El bien común es un concepto que también tiene hondas raíces en el pensamiento filosófico. Aristóteles fue uno de los pioneros en establecer una fuerte relación entre el bien común, la ética y la política (Aristóteles, 1988). En términos generales, el bien común hace referencia a los bienes, condiciones y beneficios compartidos por una sociedad, y que benefician a todos sus miembros por igual. También implica la idea de justicia y equidad. Una formación ciudadana ética, deberá necesariamente preparar a los individuos para fortalecer el bien común de la sociedad.
El Periodo Clásico no fue el único en donde se desarrolló una teoría filosófica sobre el bien común. Lorenzo Peña (2001) sostiene que, durante la Edad Media, Tomás de Aquino exploró la idea del bien común, llegando a la conclusión de que este concepto es el criterio básico para la justicia. Durante los inicios de la Modernidad, algunos pensadores como Tomás Moro también hicieron hincapié en la necesidad de pensar el bien común para el buen desarrollo de la comunidad.
A pesar de no ser la única disciplina en abordarlo, el bien común es un concepto profundamente examinado desde la filosofía. Al mismo tiempo es el principal cometido de la formación ciudadana. Por un lado, el bien común sostiene los principios para la conformación de una sociedad equitativa; por otro lado, la formación ciudadana se conforma como un instrumento para su realización. En ambos, la filosofía tiene una influencia significativa y una relación inseparable. El quehacer filosófico, desde su reflexión y su práctica, propone un telos, es decir, una finalidad que se avizora desde el comienzo de toda práctica filosófica y cuyo objetivo se centra en el bien común.
Se pueden señalar algunas propuestas filosóficas respecto a las implicaciones del pensamiento filosófico en la transformación social. Una de ellas es el concepto de Metanoia, usado para referirse al cambio de pensamiento o conversión de la persona. Emmanuel Mounier, filósofo francés, propone que una de las claves de la filosofía consiste precisamente en lograr una conversión personal (2005). El cambio de pensamiento que
suscita la reflexión filosófica tiene un impacto duradero, pues inicia desde la persona en lo individual y no obedece a ninguna causa ni finalidad externa más que el propósito del desarrollo personal. Al mismo tiempo, impacta en el bien de la sociedad, pues esta no es un ente abstracto, sino que está compuesta de personas.
La metanoia como práctica filosófica es una, entre muchas, de las grandes apuestas filosóficas por el bien común. Como hemos señalado, al ser la formación ciudadana un instrumento tangible para la transformación social, la filosofía se suma como una compañera invaluable para el desarrollo de este instrumento.
Conclusión
La principal interacción entre filosofía y formación ciudadana se basa en el papel de la filosofía en la transformación social, su pertinencia en la educación y su meta para conseguir el bien común. Desde estos aspectos, la filosofía acompaña directamente la tarea de la formación ciudadana, pues se vuelve una herramienta equiparable a ella a partir de sus metas y reflexiones.
En un mundo marcado por la incertidumbre y los desafíos globales, la filosofía ofrece una importante oportunidad para una sólida formación ciudadana. Sin embargo, este camino no es fácil ni rápido. Requiere de un compromiso sostenido, una colaboración transdisciplinar y una visión a largo plazo, de todos los actores sociales y no solo de los profesionistas de la filosofía.
Todos los miembros de la sociedad tenemos la responsabilidad de cultivar las semillas de la paz en las mentes y corazones de los ciudadanos, especialmente de los jóvenes. En una sociedad, contar con las herramientas necesarias para velar por el bien común es una tarea que siempre será perfectible, pero necesariamente continua.
Referencias
Barrientos, P. (2016). Pensar la violencia desde la filosofía y la educación: desafíos actuales de la convivencia en Humberto Giannini y Jorge Millas. Actas del Coloquio Internacional Conversaciones Humberto Giannini, 1. https://actascoloquiogiannini.uchile.cl/index.php/ACI/article/view/43242
Berón, A. (2022). La filosofía: Entre la torre de marfil y la modernidad. En Conflicto, Memoria y justicia: Repensando las vías hacia la paz en Colombia (pp. 297–314). Universidad del Valle.
Freire, P. (2004). La educación como práctica de la libertad. Siglo XXI Ediciones. González, T. (2010). Democracia y formación ciudadana. Instituto Federal Electoral.
Kohan, W. (2004). Infancia entre educación y filosofía. Laertes.
Lipman, M. (2003). Thinking in Education (2a ed.). Cambridge University Press.
Mounier, E. (2005). El personalismo. Maica Libreros Editores. National Center for Education Statistics. (2024). Student bullying. Department of Education, Institute of Education Sciences. https://nces.ed.gov/programs/coe/indicator/a10
Nussbaum, M. (2010). Sin fines de lucro: Por qué la democracia necesita de las humanidades (M. V. Rodil, Trad.). Katz Editores.
Peña, L. (2001). La idea del bien común en la filosofía medieval y renacentista. Conferencia pronunciada en la Universidad Carlos III de Madrid. https://doi.org/10.13140/RG.2.2.20339.12321
Platón. (1982). Diálogos IV - República. Editorial Gredos.
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UNESCO. (2007). Philosophy, a school of freedom: teaching philosophy and learning to philosophize; status and prospects.
UNESCO
